“Si puedes
soñarlo, puedes hacerlo” (Walt Disney).
Después de haber
realizado -algunos de nosotros- varias excursiones en barco a corta o
media distancia de la costa de Lanzarote, con resultados más bien
mediocres, un grupo de birdwatchers capitaneados por Juan Sagardía
y Daniel López Velasco nos decidimos a contratar un barco para llevarlo a
aguas más lejanas, unas 60 millas en dirección nordeste, hasta el casi
desconocido Banco de la Concepción, quizá la última frontera ornitológica
de España.
La idea era realizar dos
salidas de un día entero cada una, en dos días consecutivos, llegando
hasta al menos dos puntos diferentes del Banco, y arrojar allí chum
congelado y algo de atrayente oleoso para las aves.
El Banco de la Concepción
es una montaña submarina de origen volcánico, de forma más o menos
circular, cuya meseta superior se encuentra a tan sólo unos 150 metros de
profundidad. Esta meseta desciende en sus márgenes hasta profundidades
abisales de manera abrupta por el sur y el este, y más gradualmente por el
norte y el oeste, en donde forma una ladera de pendiente más suave. Se
trata de una zona muy extensa, alcanzando su diámetro unas 25 millas
náuticas. La dinámica de las corrientes marinas provoca que en ciertos
puntos del Banco se produzcan afloramientos de aguas frías abisales, lo
que da lugar a una gran riqueza de materia orgánica y, por lo tanto, a una
buena diversidad faunística y avifaunística.
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Mapa de
situación y batimétrico del Banco de la Concepción. Con marcadores
rojos, coordenadas visitadas los dos días. Con marcadores amarillos,
observaciones más interesantes. |
Durante los dos últimos años, SEO/BirdLife ha
llevado a cabo varias campañas de monitoreo de aves marinas en la zona,
aprovechando el curso de una investigación biológica mucho más general
realizada por varias asociaciones integradas en el proyecto Indemares (www.indemares.es,
a cuyos responsables agradecemos los valiosos consejos recibidos).
Mediante estos estudios se ha puesto de manifiesto que este lugar es
utilizado por diversas especies de aves para alimentarse, aunque los datos
son por el momento un tanto imprecisos, a causa de que únicamente se han
ido anotando contactos visuales con las aves obtenidos durante los
desplazamientos del barco oceanográfico, sin emplear ningún medio para
atraerlas.
Hasta ahora, sin embargo,
nunca que sepamos se había realizado una excursión pelágica de
birdwatching en esta zona y, por lo tanto, nos sentíamos pioneros al
organizarla, con todas las satisfacciones e inconvenientes que ello
conlleva. Delante de los mapas de los que disponíamos y con la ayuda de
cierta información previa, seleccionamos dos zonas del Banco, una en el
centro de la ladera oeste, a unos 700 m de profundidad, y otra en el medio
de la meseta central, más somera (-250 m), y cruzamos los dedos para tener
suerte…
Sábado 10 de
septiembre de 2011
A las 6.30 h am, aún de
noche, con el cielo entre nuboso y despejado, moderado viento del norte y
cierto oleaje, nos aventuramos mar adentro 27 valientes.
Cuando amaneció ya
habíamos sobrepasado el islote de Alegranza, y las pardelas cenicientas
surcaban la superficie del mar en busca de alimento. Al poco rato apareció
el primer petrel de Bulwer, escuchándose los primeros gritos de “bimbo”
provenientes de las gargantas de los menos versados en estos mares de
latitud subtropical.
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Pardela
cenicienta (Calonectris diomedea).
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Petrel de
Bulwer (Bulweria bulweri).
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Observando los
Bulweria y las Calonectris transcurrieron las siguientes dos
horas. De vez en cuando, alguna pardela pichoneta cruzaba lejos, y nos
aplicábamos en examinarla para no confundirla con su prima, la pardela
chica, la cual podemos decir ya sin tapujos que es el ave marina más
difícil de fotografiar de España.
Pocos minutos después de
las 10 de la mañana, a unas 40 millas de la costa, ya cerca del Banco, la
embarcación surcaba el mar contra el oleaje a unos 12 nudos de velocidad,
y la navegación se hacía incómoda debido al vaivén y a las continuas
salpicaduras que recibíamos en la cubierta superior.
En estos momentos, Juan
Sagardía señala a un paíño que se aproxima por estribor. Sus partes
inferiores son blancas, con un reborde oscuro, alguien lo grita como
pechialbo. Pero sus partes superiores son negras, y el obispillo blanco,
muy bien delimitado. Algo no encaja. Instintivamente Miguel Rouco toma su
cámara, que quiere Dios que sea la única de las 15 o 20 que hay a bordo
preparada en ese momento, y consigue disparar una ráfaga manteniendo el
equilibrio en precario. A prismático el ave es casi idéntica a la que
salía en el último número de Birding World, que algunos leímos
precisamente ayer, y que constituía la primera cita del Paleártico de
paíño ventrinegro. No puede ser, debemos estar sugestionados por la
lectura. El maestro Daniel López Velasco habla en voz alta, pero esta vez
más tímidamente de lo que acostumbra: ¡Fregetta tropica!. Los más
rezagados o desprevenidos aún no han visto el pájaro. Piensan: “ya está el
risueño de Dani de cachondeo”· El ave se aleja y, después de 30 segundos,
desaparece. Inmediatamente surge la angustia. ¿Alguien ha hecho foto?, por
favor, foto, ¿dónde está la foto?... Con poca fe Miguel se sienta a
visionar las imágenes de la cámara y comprueba que sólo una tiene el
pájaro, pero con tanta suerte que está casi enfocado y en la posición más
propicia para su identificación. ¡Lo tengo!, exclama, para satisfacción y
regocijo de la marinería… Segunda cita de Fregetta tropica en el
Paleártico Occidental… Buen comienzo.
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Paíño
ventrinegro (Fregetta tropica). Primera cita para España y
segunda para el Paleártico Occidental.
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En cuanto podemos
reaccionar paramos el barco y echamos atrayentes al mar, a ver si regresa
el Fregetta, pero nuestros esfuerzos son en balde. Tras una hora de
espera sólo acuden algunos petreles de Bulwer y los primeros ejemplares de
paíño de Wilson y paíño de Madeira, especies que podemos comparar
directamente de manera muy didáctica. Continuamos la marcha.

Ya dentro del Banco, y
una milla antes de llegar a la coordenada que le suministramos al capitán
aparece en el horizonte una gran balsa de pardelas cenicientas. Hacia allí
nos dirigimos y paramos los motores rodeados de aves. Echamos un bloque
congelado de 20 kg de chum al agua, esperamos unos minutos.
En poco tiempo se forma
la gran bacanal ornitológica. El chum, preparado con tanto cariño
por el maitre Sagardía funciona estupendamente, disgregándose con
lentitud, y una multitud de pájaros se congrega en torno a él. Pardelas
cenicientas y capirotadas, paíños de Madeira y de Wilson, charranes
comunes y árticos. Varios págalos raberos, un pomarino. Y los simpáticos
paíños pechialbos, por fin. ¡Qué ganas teníamos de ver uno de estos como
Dios manda!.
Así estuvimos tres horas,
disfrutando de todas estas aves, fotografiándolas a placer. No me hubiera
creído que al final, a los castro ya no les íbamos a hacer ni caso…
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Paíño de
Madeira (Oceanodroma castro).
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Paíño de
Wilson (Oceanites oceanicus).
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Paíño
pechialbo (Pelagodroma marina).
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Charrán
ártico adulto (Sterna arctica).
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Págalo rabero
(Stercorarius longicaudus).
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A las 3.30 pm emprendimos
el regreso, que nos iba a llevar casi 5 horas. Volvimos a ver varios
ejemplares de esas especies de vuelta, y de otras como pardela sombría,
paíño común, fumarel común, así como también varias cetáceos, peces y
tortugas (en general “pescados”, como dice Juan) que nos amenizaron el
regreso: cachalote, zifio de Cuvier, delfín mular, rorcual tropical,
tiburón martillo, pez luna, pez volador, tortuga boba. Ya llegando, un
halcón de Eleonor cruza el mar “Chinijo” entre el Roque del Este y
Alegranza.
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Zifio de
Cuvier (Ziphius cavirostris).
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Rorcual
tropical (Balaenoptera edeni).
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Tortuga boba
(Caretta caretta).
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Desembarcamos poco
después de las 8 pm, algo cansados pero tremendamente satisfechos por las
observaciones. Cenamos pescadito, como mandan los canones, todos juntos, y
después nos retiramos a descansar.
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Participantes de la
salida pelágica al Banco
de la Concepción del
sábado 10 de septiembre
de 2011. Carlos Martín,
Xurxo Piñeiro, José Portillo, Miguel Rouco, Rafa
Armada, Javier Traín, Clemente Álvarez, Julio, Jose Luis
Copete, Oscar Llama, Manuel Quintana,
Gonzalo Lage, Carlos Gutierrez,
Gorka Ocio, Daniel López
Velasco, Juan Sagardía,
Guillermo Rodríguez, Xavier Ramirez,
Eduardo Amengual, Roberto Ortiz, Toni Alcocer, Marc
Pérez, Jesús Menéndez, Attila Steiner, Csaba Lendvai, Gerardo
y Claudia.
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Domingo 11 de
septiembre de 2011
¡Qué dura es la vida del
ornitólogo! Es lo primero que piensas cuando después de un día tan
fatigoso suena el despertador de nuevo a las 5 de la mañana. A la misma
hora y en parecidas condiciones meteorológicas a las del día anterior,
aunque con algo más de oleaje y cielos más despejados, zarpamos del puerto
19 expedicionarios.
Esta vez nos dirigíamos
rumbo a las zonas más someras del Banco, situadas también un poco más
lejos (60 millas en vez de 50), con la esperanza de ver especies
diferentes. En el trayecto de ida las salpicaduras del mar eran aún
mayores que las de ayer, pero en esta ocasión todo el mundo tenía la
cámara preparada (no sé por qué sería… ). Básicamente fuimos viendo lo
mismo, quizá con algo menos de abundancia, hasta que llegamos al punto
indicado, 4 horas después.
Paramos en ese punto, a
250 m de profundidad, hoy sin balsa de pardelas, ya que no localizamos
ninguna cerca, y arrojamos un bloque de chum al mar vacío, a ver
qué pasaba. Casi de inmediato, como por arte de magia, apareció el primer
paíño de Madeira y empezó a comer con apetito, con tanto ahínco que
parecía como si quisiera llevarse consigo el bloque entero. Poco después
un Wilson y, tras él, más Madeiras, charranes, cenicientas, capirotadas…
hasta un tiburón martillo al que tuvimos que disuadir para que no se
comiera el bloque de chum de un bocado.
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Paíño de
Madeira (Oceanodroma castro).
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Pardela
capirotada (Puffinus gravis).
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En plena felicidad
pajarística, vemos acercarse a un págalo. Su aspecto es de skua. Pero el
bueno de Dani había aleccionado previamente a los marineros… “no hay
apenas págalos grandes en estas aguas durante esta época; cualquier págalo
con ese aspecto que veamos tiene un 80 % de probabilidades de ser un
maccormicki”. Con el corazón en un puño seguimos el acercamiento del
ave, que acabó pasando por encima del barco. Pero ya mucho antes había
sido identificado: su aspecto, coloración, estructura y muda lo
acreditaban como págalo polar, uno de los primeros identificados de forma
inequívoca en el Paleártico.
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Págalo polar
(Stercorarius maccormicki).
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De nuevo la euforia
general, el movimiento errático de los pajareros de proa a popa y de babor
a estribor siguiendo los círculos que dibujaba el ave en torno al barco,
los gritos de ánimo de Gorka “¡¡aúpa txabalote!!”, y los clics de las
cámaras sonando, esta vez sí, como un concierto de cigarras en la noche
más calurosa del verano. Bimbazo, pepinazo, matraca, redoble de tambores,
embriaguez, descarga dopaminérgica, orgía, bacanal, la ostia en verso…
¡Portillo, tómate otra cerveza!
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Págalo polar
(Stercorarius maccormicki).
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Págalo polar
(Stercorarius maccormicki) dcha, junto a págalo
pomarino (Stercorarius pomarinus), izq.
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Pero
aún había más. Tras desaparecer y reaparecer varias veces, de repente
comprobamos que el págalo no está sólo, tiene un compañero, algo más
rubio, posado en el mar un poco más lejos. En un momento se juntan y
podemos retratarlos a ambos en el mismo fotograma. ¿Qué más se puede
pedir?. ¿Que posen junto a un pomarino? Pues marchando. Dos maccormicki
y un pomarino comiendo chum congelado a 60 millas de la costa.
Alegría, pidan ustedes por esa boquita…
Largo tiempo disfrutando
de los págalos polares, quizás los más fotografiados de la historia,
alucinados por sus continuas pasadas alrededor de nosotros. Después de dos
horas ya son casi como de la familia.
Saciada nuestra sed
pagalera tomamos rumbo oeste y volvemos a parar 6 millas más adelante;
arrojamos el resto del chum. Aquí aparecen los paíños pechialbos,
que pasan ya desvengorzados al lado del navío, junto a los Wilson, Bulwer,
Madeiras, charranes comunes y árticos. Ya no sabemos a dónde mirar.
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Paíño
pechialbo (Pelagodroma marina).
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Paíño de
Madeira (Oceanodroma castro).
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Págalopomarino
(Stercorarius pomarinus).
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Págalo rabero
(Stercorarius longicaudus).
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A las 3.30 pm emprendemos
otra vez la vuelta, oteando el horizonte en busca de los que faltan: la
pardela chica y el Pterodroma, pero estas dos especies no están,
quizá vagan dispersas en esta época por el Atlántico norte. Tendrán que
esperar a la próxima excursión, en junio; de momento nos damos por
satisfechos con lo que hemos visto. A la salida del Banco nos cruzamos con
otra balsa de pardelas que evolucionan conjuntamente con una gran manada
de unos 150 delfines moteados, y disfrutamos de ellos durante unos
minutos. También pardelas pichonetas, sombrías, falaropo picogrueso,
págalos raberos…
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Delfín
moteado (Stenella frontalis).
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Pardela
pichoneta (Puffinus puffinus).
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Págalo rabero
(Stercorarius longicaudus). Juvenil.
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Y ya para rematar la
excursión, pidiendo por la boquita, como decíamos antes, pues vamos a
pedir que aparezca otro maccormicki (*), unas 15 millas antes de
alcanzar la costa. Esto es increíble. ¿No era el págalo polar una rareza
extrema? Toma candela. Como decía Carlos Martín, no hay ave que haya
pasado tan rápidamente de “primero o segundo para España” a “escaso pero
regular”…
(*)
en el momento de la
publicación del texto la identificación de este págalo está en revisión,
por lo que sería mejor por ahora denominarlo Stercorarius maccormicki/antarctica.
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Págalo sp.
(Stercorarius maccormicki/antarctica).
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Desembarque, cenita
marinera de rigor entre pecho y espalda y de nuevo a la cama. Mañana hay
que volver a casa.
Pero antes, por la
mañanita, habrá que darse una vuelta por la isla para ver las hubaras en
Puerto Calero y los dos correlimos canelos del campo de golf de Tías, que
siguen estando a güevo y casi te pasan entre las piernas si te
quedas quieto y sin hablar.
Así es como permanecemos
aún casi todos los participantes en esta histórica y singular escapada,
que sin duda marcará un punto de inflexión en la ornitología marina
española. Muchos ya estamos contando los días que faltan para la próxima.
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Llegando a la
costa norte de Lanzarote, al atardecer.
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Participantes de la
salida pelágica al Banco de la Concepción del
domingo 11 de septiembre de 2011. Gonzalo Lage, Gorka
Ocio, Manuel Quintana, Jesús Menéndez, Carlos Martín, Juan Sagardía,
Oscar Llama, Roberto Ortiz, Clemente Álvarez, Daniel
López Velasco, Miguel Rouco, Xurxo Piñeiro, José
Portillo, Rafael Mas, Gemma, Carlos Gutierrez,
Javier Traín, Steve Nicoll y Eduardo Amengual |
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Correlimos
canelo (Tryngites subruficollis). Campo de golf de Tías
(Lanzarote).
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Morito (Plegadis
falcinellus). Primera cita en la isla de Lanzarote. Campo de
golf de Tías.
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