Observación de un ibis eremita (Geronticus eremita) en Ávila y su posible procedencia.

 (artículo publicado en El Escribano Digital nº 50, enero 2005)

 

           

    El día 17 de diciembre de 2004, nuestro compañero César Torrejón pudo observar un ejemplar de ibis eremita (Geronticus eremita) en el término municipal de La Aldehuela (Ávila). En caso de ser aceptada por el C.R. de SEO/Birdlife, se trataría de la segunda cita para España de esta especie.

            El día  21 del mismo mes, tras recibir el correspondiente aviso, Alfonso Rodrigo y Miguel Rouco acudimos al lugar y conseguimos relocalizar, fotografiar y filmar al ave.

            También fue observada el día 22 por Guillermo Hernández, Juanjo Ramos y Ángel González. Lamentablemente dejó de verse el día 23, coincidiendo con un recrudecimiento de las temperaturas en la zona, que alcanzaron los 6 grados bajo cero, con la correspondiente helada. Según el propietario de la finca en donde solía estar aquerenciado, llevaba allí aproximadamente un mes.

            Por las características del ave (curvatura del pico y superficie calva de la cabeza) parecía ser un macho adulto de bastante edad –J. M. López, com. pers.-. No se encontraba anillado ni mostraba señal alguna de haberlo estado. Su capacidad de vuelo era completa y, aparentemente, se encontraba en un estado nutricional óptimo.

            Además, el ave se alimentaba con suma facilidad, caminando con brío por el suelo y manejando su pico con gran soltura para capturar unos invertebrados oscuros, relativamente grandes y de forma redondeada, probablemente coleópteros. Asimismo, pasaba bastante tiempo en lo alto de las torretas eléctricas acicalándose.

   Nuestras distancias de observación oscilaron entre los 90 y 300 m., aunque nos consta que otros observadores lo llegaron a tener a unos 30 m. de distancia. Este dato no debería ser evaluado en esta especie como indicativo de su procedencia ya que las aves salvajes son también por lo general bastante confiadas –J. M. López, com. pers.-

            El hábitat en el que se observó correspondía a un valle suave de manto pedregoso, al pie de la Sierra de Gredos, salpicado de pequeños prados ganaderos, encinares ralos, matorrales, choperas y algunos estrechos cursos de agua. Sus lugares predilectos de alimentación eran prados con abundante carga ganadera vacuna y equina, en los que había gran cantidad de excrementos de estos animales.

            La única observación anterior de esta especie en España se produjo en el año 1958, en el término municipal de Aznalcázar (Sevilla) y corresponde a un ejemplar que fue abatido por un cazador y cuya piel se conserva naturalizada.

            En cuanto a la procedencia del ave que ahora describimos, cabría analizar varias posibilidades: 1-Que se trate de un ave salvaje con divagancia natural, 2-Que se trate de un ave procedente de uno de los programas de reintroducción que se llevan a cabo sobre esta especie, 3-Que se trate de un ave escapada de cautividad.

            La población salvaje de ibis eremita se reduce a unos 400 individuos que crían en la región de Agadir, en la costa del suroeste de Marruecos. Recientemente se ha descubierto otra pequeña colonia de sólo 7 ejemplares en Siria, genéticamente poco viable, aunque se considera posible que exista alguna colonia más aún por descubrir en esa zona. La población de Marruecos ocupa un área de acantilados cercana a la costa. Algunas poblaciones de ibis eremitas en ese mismo país, hoy ya inexistentes (las últimas extintas a finales de los 80), que se localizaban en el Atlas, Antiatlas y Rift, habitaban en ambientes semimontañosos  muy similares a éste de Ávila en el que se localizó el ejemplar descrito. Mientras que las aves de estas colonias extintas eran migradoras, las que se asientan en Agadir son básicamente sedentarias, desplazándose los adultos no más de 40 km. fuera de la época reproductora. No obstante, se han constatado algunas dispersiones juveniles, a veces bastante largas, casi siempre en dirección sur. En tiempos históricos esta especie se distribuía ampliamente por diversos países de la cuenca mediterránea.

            Debido al inminente peligro de extinción de las poblaciones salvajes de ibis eremitas, se ha procedido a realizar diversas reintroducciones e intentos de reintroducción en varios lugares. Cabe decir en primer lugar que la mayor dificultad que entraña esta práctica es que las aves requieren un proceso de socialización en las primeras etapas de su vida para aprender los hábitos básicos de supervivencia, incluida la alimentación. Aunque se reproducen con facilidad en cautiverio, las aves así obtenidas no son aptas para la vida salvaje y acaban muriendo si se escapan o se sueltan sin más (salvo algunas excepciones). Este fue probablemente el destino de las 150 aves que se soltaron en Israel entre 1983 y 1986. En la actualidad existe un proyecto de reintroducción en Austria que empezó en 1997 y consta de unas 30 aves; algunos juveniles de esta población se dispersan y suelen moverse hacia el norte o noroeste, excepto unos pocos que se han llevado a invernar a Italia con la ayuda de aeronaves. Recientemente, en diciembre de 2004, se han introducido también unas 20 aves juveniles en España, en la provincia de Cádiz. Tanto las aves reintroducidas en España como las austríacas portan anillas de lectura a distancia en las patas. Asimismo existe una población en semicautividad en Turquía, de donde es altamente improbable que proceda el ejemplar descrito.

            Existen en el mundo  unos 1500 individuos registrados en cautividad de esta especie, aunque probablemente haya un número indeterminado de aves sin declarar, como consecuencia de la facilidad con la que se reproducen. La mayoría de las aves registradas  se encuentran anilladas; no obstante, se considera posible que algunos ejemplares puedan llegar a perder las anillas. En España destaca por su número la colonia cautiva de ibis eremitas en el Parque del Retiro de Málaga. No parece muy probable que algún ave fugada de alguno de estos centros pueda llegar a sobrevivir largo tiempo en la naturaleza, debido a la carencia de la socialización de la que hablábamos en el párrafo anterior. Hasta la fecha no nos consta tampoco que haya habido noticias de ningún ave de esta especie que hubiera recientemente escapado de un núcleo zoológico.

            Por lo expuesto, debido, por un lado, al aparentemente correcto comportamiento alimentario y estado nutritivo de este ejemplar y, por otro, a la ausencia de anillas en sus patas, hay que plantearse la posibilidad de que procediese de una población natural. Es una posibilidad que, no obstante, debe ser tomada con suma cautela por la extrema rareza que supondría la presencia de un ave divagante natural en un lugar tan alejado de las escasas colonias salvajes existentes.

 

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